Evidencia Extraterrestre en la Cultura del Valle del Indo


Planeta azul se presenta de nuevo con una investigación centrada en la evidencia extraterrestre presente en la cultura del valle de indo. En el «Vanaparvan», que pertenece al antiguo Mahabharata hindú (capítulos 168-173), se describen las residencias de los dioses como asentamientos en el espacio, que giraban en órbita muy por encima de la Tierra.
Lo mismo puede encontrarse en el capítulo 3, versículos 6-10, del Sabhaparva. Estas estaciones espaciales gigantescas tenían nombres tales como Vaihayasu, Gaganacara y Khecara.
Eran tan enormes que las naves-lanzadera (las vimanas) podían entrar en su interior por enormes puertas. No estamos hablando de unos fragmentos oscuros que nadie puede estudiar, sino de unos textos hindúes tradicionales y antiguos que se encuentran en cualquier biblioteca importante. En la parte del Mahabharata llamada «Drona Parva», página 690, versículo 62, podemos leer que tres ciudades grandes y hermosamente construidas giran alrededor de la Tierra.
De éstas se extiende la discordia a las gentes de la Tierra, y también a los propios dioses, en una guerra de proporciones galácticas (versículo 77): «Siva, que viajaba en este carro muy excelso que estaba compuesto de todas las fuerzas del cielo, se preparó para la destrucción de las tres ciudades [celestiales].
Y Sthanuy, este jefe de los destructores, este azote de los Asuras, este gran luchador de valor sin límite, dispuso sus fuerzas en excelente formación de combate. Cuando las tres ciudades volvieron a cruzarse entre sí en sus caminos por el firmamento, el dios Mahadeva las atravesó con un terrible haz de luz de la boca triple de su arma. Los Danavas no podían mirar el camino de este haz de luz, que tenía el alma del fuego-yuga y contenía el poder de Visnú y de Soma. Mientras los tres asentamientos empezaban a arder, Parvati se apresuró a acercarse para contemplar el espectáculo»
Los dioses del hinduísmo libraban batallas entre sí «en el firmamento», como Ismael (o Lucifer) en la tradición judía: «Ismael era el mayor príncipe de los ángeles del cielo. E Ismael se unió con todos los ejércitos más altos del cielo contra su Señor; reunió a sus ejércitos a su alrededor y descendió con ellos y se puso a buscar una compañera en la Tierra». Y ¿qué leemos en Enoc? Éste describió el motín de los ángeles, y enumeró, incluso, sus nombres.
Este núcleo de la tradición (la batalla en el cielo, la lucha entre los dioses) es lo decisivo, y el concepto simplista del cielo que aceptan las diversas religiones hace de ello una farsa. En el hinduismo, los seres humanos alcanzan la serenidad absoluta por medio de sus propios poderes, a través de ciclos continuos de nuevos nacimientos durante los cuales mejoran y limpian su karma. Pero a esto les ayudan los dioses, y en último extremo el dios universal Brahma. Pero los hinduistas también están familiarizados con la idea del regreso de los dioses. Visnú nacerá un día como Krishna y salvará a la Tierra del lío en que se ha metido. Es un misterio para los occidentales el papel que desempeña en todo esto el concepto del karma o de la reencarnación. ¿Cómo llegaron a creer los hinduistas en un ciclo continuo de renacimientos, en el que llevan a cuestas de una vida a otra sus obras buenas y malas? La doctrina extraordinariamente compleja del karma se describe con gran detalle en la religión jainista.
El jainismo es, con el budismo y el hinduismo, una de las tres grandes religiones de la India. El jainismo surgió en el norte de la India siglos antes de la aparición del budismo y fue difundiéndose por todo el subcontinente. Sus seguidores afirman que fue fundado en tiempos muy antiguos, hace miles de años.
Creen que sus enseñanzas son eternas e imperecederas, aunque puedan yacer olvidadas durante largas épocas. La religión jainista aparece recogida en una serie de textos pre-budistas que son francamente extraordinarios: no merecen otro calificativo sino el de La Ciencia Antigua. Laliteratura teológica y científica del jainismo contiene relatos que hablan de hombres santos, canciones sobre los creadores primigenios, así como preceptos de todo tipo. Estos textos, de modo parecido a la Biblia, están recopilados bajo el título genérico de Shvetambaras.
Se dividen en 45 secciones, cuyos títulos son todos verdaderos trabalenguas. El «Vyahyaprajnaptyanga» presenta todas las enseñanzas del jainismo con diálogos y leyendas. El «Anuttaraupapatikadashan-ga» cuenta las historias de los santos primigenios que ascendieron a los mundos celestiales más altos. La sección titulada «Purvagata» contiene libros y descripciones científicas. Dentro de ésta, el «Utpada-Purva» trata de la formación y de la disolución de todas las diversas sustancias (química). El «Viryapravada-Purva» describe las fuerzas que están activas en la sustancia de los dioses y de los grandes hombres. El «Pranavada-Purva» estudia el arte de la curación. El «Lokabindusara-Purva» trata de las matemáticas y de la redención. Por si todo esto no fuera suficiente, existen también los 12 «Upangas», que describen todos los aspectos del Sol, la Luna y de otros cuerpos planetarios, así como de las formas de vida que los habitan. Además, el «Aupapatika» nos explica el modo de alcanzar la existencia divina.
También se nos proporciona una lista de reyes divinos (Prakirnas, libro 7). Aparte de estas escrituras, se supone que existieron libros en las nubes primigenias del tiempo, pero que se han perdido. Pero los jainistas creen que estas escrituras fueron transmitidas oralmente, de sacerdote a sacerdote, a lo largo de las generaciones. No les inquieta su pérdida, pues siempre están apareciendo reencarnaciones de los antiguos profetas que revelan de nuevo su contenido, en la medida en que la gente y los tiempos estén preparados para recibir tales enseñanzas. El contenido de los textos perdidos sólo se ha conservado en fragmentos, pero incluso éstos tratan de las cosas más asombrosas:
Cómo viajar a tierras lejanas por medios mágicos.
Cómo hacer milagros.
Cómo transformar las plantas y los metales.
Cómo volar por los aires.
También en la literatura sánscrita se describe el vuelo por los aires.
Según las enseñanzas jainistas, la época en que vivimos no es más que una entre muchas. Antes de nuestro tiempo hubo otros periodos cósmicos, y dentro de poco tiempo (más allá del año 2000) habrá de empezar una época nueva. Estas épocas nuevas siempre vienen anunciadas por veinticuatro profetas, los tirthamkaras.
Los profetas de nuestra época están naciendo ahora, o quizás ya sean adultos. Los jefes religiosos del jainismo creen conocer, incluso, sus nombres y otros detalles de sus vidas. Todos estos hechos nos traen a colación Fechas Imposibles tales como: El primero de estos tirthamkaras fue Rishabha. Vivió en la Tierra durante un tiempo asombroso: 8.400.000 años. Rishaba tenía proporciones gigantes. Todos los patriarcas que lo sucedieron fueron cada vez menos longevos y menos altos; no obstante, el vigésimo primero (que se llamaba Arishtanemi) llegó a vivir 1.000 años y medía diez codos de alto.
Sólo los dos últimos, Parshva y Mahavira, alcanzaron una edad que a nosotros nos parecería «razonable». Parshva vivió cien años y sólo medía nueve pies [2,74 metros] de estatura, mientras que Mahavira, el vigésimo cuarto tirthamkara sólo alcanzó los 72 años de edad y sólo medía 7 pies [2,12 metros].
Los jainistas sitúan la aparición de sus tirthamkaras en unos tiempos tan antiguos que dan vértigo. Se supone que los dos últimos murieron en el 750 y en el 500 a.C, respectivamente, mientras que el sucesor de Rishabha (el primer patriarca) adornó la Tierra con su presencia durante unos 84.000 años.
Estos números que se nos presentan delante deberían llamar la atención, verdaderamente, a nuestros investigadores de mitos, y también a nuestros teólogos. ¿Por qué? Porque tenemos aquí, bien empaquetados dentro de conceptos religiosos, un núcleo de recuerdo popular que sale a relucir en muchos libros sagrados y no tan sagrados. Permítanme que les refresque la memoria muy brevemente, en estilo telegráfico. En la antigua lista de los reyes babilónicos (WB 444) se cuentan diez reyes desde la creación de la Tierra hasta el diluvio. Estos reyes reinaron durante un total de 456.000 años, año más, año menos.
Después del diluvio, «volvió a bajar del cielo el reino una vez más» (Däniken, E. von: Profeta del Pasado, Martínez Roca, 1979), y los 23 reyes siguientes reinaron durante un total de 24.000 años, 3 meses y 3 días y medio. A los patriarcas bíblicos se les atribuyen unas edades igualmente increíbles. Se afirma que Adán vivió más de 900 años; Enoc tenía 365 años cuando ascendió entre las nubes, y su hijo Matusalén vivió 969 años. En el antiguo Egipto las cosas no fueron diferentes.
 El sacerdote Manetón dejó escrito que el primer monarca divino de Egipto había sidoHefaisto, que también había traído el don del fuego. Después de él vinieron Cronos, Osiris, Tifón, Horus, y el hijo de Isis. Después de los dioses, la raza de descendientes de los dioses reinó durante 1.255 años. Y después vinieron otros reyes que reinaron durante 1.817 años. Tras esto, otros 30 reyes reinaron durante 1.790 años. Y tras esto, otros diez durante 350 años.
El reino de los espíritus de los muertos y de los descendientes de los dioses abarcó 5.813 años. Confirma estas fechas imposibles el historiador Diodoro de Sicilia, que escribió hace 2.000 años toda una biblioteca de obras, recogidas en cuarenta volúmenes. Desde Osiris e Isis hasta el reinado de Alejandro, que fundó la ciudad de Egipto que lleva su nombre, se dice que pasaron más de 10.000 años; pero algunos dicen que ese período abarca en realidad un poco menos de 23.000 años… (Wahrmund, A., Stuttgart, 1866). Y como último ejemplo de estas fechas imposibles citaré al griego Hesíodo. En su mito de las cinco razas de la Humanidad escribió (hacia el año 700 a.C.) que originalmente los dioses inmortales, Cronos y sus compañeros, habían creado a los seres humanos: «Estos héroes de excelente origen, llamados semidioses, que en los tiempos anteriores a los nuestros residían en la Tierra sin límites…». Erich von Däniken. En el Ramayana se puede leer: “Un hombre puede utilizar esta nave para trasladarse de forma maravillosa y cubrir grandes distancias en el cielo. También con esos métodos se puede construir una Vimana grande como un templo. Debe haber cuatro depósitos de mercurio en su interior. Cuando son calentados por medio de un fuego controlado, el vimana desarrolla un poder de trueno por medio del mercurio.
Si este motor de hierro, con uniones adecuadamente soldadas, es llenado de mercurio y el fuego se dirige hacia la parte superior, desarrolla una gran potencia, con el rugido de un león e inmediatamente se convierte en una perla en el cielo”. En estos vehículos voladores las personas que se montaban en ellos podían volar hacia los cielos y dirigirse a las estrellas y a mundos lejanos, para luego retornar a la Tierra. En el Mahabaharata se nos relata: “Los Vimanas eran máquinas volantes que tenían la forma de una esfera y navegaban por los aires por el efecto del mercurio que provocaba un gran viento propulsor. Los hombres alojados en los Vimanas pueden recorrer grandes distancias en un tiempo maravillosamente corto.
Danava era el disco destructor que poseía armas terribles lanzando relámpagos de fuego espantosos y capaces de destruir las ciudades. Cukra, a bordo de su Vimana de gran potencia lanzó sobre la ciudad un único proyectil cargado con la potencia de todo el Universo. Una humareda incandescente, semejante a diez mil soles se elevó en todo su esplendor. Se levantó un viento terrible, la naturaleza enloqueció y el sol giró sobre sí mismo. Los enemigos caían como briznas de hierba destruidas por las llamas, hervían las aguas de los ríos y los que se lanzaron en busca de salvación murieron sin remedio. Ardían los bosques.
 Caballos y elefantes corrían desesperados entre el fuego. 
Cuando el viento disipó la humareda de los grandes incendios, se vieron millares de cuerpos calcinados por el rayo terrible”. Este “rayo terrible” aparece como el “Arma de Brahma”. Samarangana Subtrahara Este escrito, dedica nada más y nada menos que 250 versículos a hablarnos de estas extrañas naves.
En este libro, descubierto en la India por un grupo de investigadores ingleses en 1908 y cuyo nombre hindú traducido a nuestro idioma sería, “Tratado de Aeronáutica”, se divide en varios capítulos, construcción, mecánica de motores, energía de motores, estrategia o planesde vuelo. “El secreto de la fabricación de los Vimanas no puede ser desvelado, y esto no es por ignorancia, sino porque los detalles de la construcción deben mantenerse en el mayor secreto para impedir que alguien pueda fabricar un Vimana con fines perversos.
El cuerpo del Vimana debe ser fuerte y duradero pero de material liviano como un pájaro volador. Por medio de la potencia graduada del mercurio se pone en movimiento el torbellino impulsador del carro aéreo. Un solo hombre puede viajar de manera maravillosa y ascender muy alto por los cielos.
Puede construirse un Vimana tan grande como el “Templo de la Divinidad”: para ello, hay que utilizar cuatro depósitos de mercurio en la parte inferior, una vez calentados estos, puede desarrollarse por medio del fuego controlado, una potencia equivalente al rayo.
Muy pronto el Vimana asciende convirtiéndose en una perla en el cielo. Por medio de los Vimanas los hombres pueden ascender a los cielos y los seres del cielo pueden descender a la Tierra.” En elBhagavad Gita El conocimiento del Universo no era un secreto para los tripulantes de las vimanas.
 Según el Bhagavad Gita: “… Existen infinidad de universos e infinidad de planetas dentro de cada universo, y cada planeta está lleno de diferentes variedades de población…”. La propulsión se realizaba mediante mercurio, unido a técnicas vibratorias de determinados sonidos capaces de desencadenar poderosas energías y, tal y como se describe en el Vymaanica-Shaastra, los pilotos eran preparados para volar, para obtener imágenes en vuelo de los “carros voladores” enemigos, escuchar sus conversaciones y para aplicar técnicas capaces de hacer perder el conocimiento a sus pilotos.
Todo esto parece ciencia ficción. Pero altos mandatarios de la India se lo tomaron tan en serio que empezaron a colaborar con China avanzando considerablemente en el estudio de estos artefactos, utilizando expertos en Sanscrito. Pero tras la guerra de Cachemira se rompieron las relaciones de ambos países y se perdió el estudio de estos textos antiguos, hasta que hace unos años los Estados Unidos se interesaron por este asunto, al enterarse que China estaba usando esos datos adquiridos años atrás para tratar de fabricar una de éstas naves para el desarrollo de su carrera espacial.
Tan en serio se lo han tomado que todo el material actual de investigación de los vimanas por parte de China ha pasado a ser secreto militar, conociéndose solo la parte del estudio por parte de la India. La enigmática historia de Mohenjo-Daro (cuyo nombre significa “El Montículo de los muertos”), una antigua ciudad densamente poblada ubicada en territorio de Pakistán, próxima a las orillas del río Indo, en la zona que los arqueólogos han catalogado como “Cultura del Valle del Indo”, y que junto a Harappa, situada a poco más de seiscientos kilómetros de distancia más al noreste, constituyen las dos ciudades más emblemáticas y conocidas de esta antigua civilización.
Los teóricos de los antiguos astronautas sostienen que al igual que la cultura sumeria, la del Valle del Indo también parece haber surgido de repente, sin haber testimonios previos de una evolución “clásica” lo cual constituye un auténtico misterio, y en este caso no lo es menos el de su desaparición, la cual fue tentativamente atribuida a pueblos invasores de origen indoeuropeo. Al día de hoy permanecen sin ser descifradas sus escrituras (aparentemente de tipo ideográfica y silábica, pero – también al igual que el sumerio – sin correspondencia ni raíz alguna con otras escrituras de la zona, pero presentando en cambio una sorprendente similitud con la que aparece en las tabillas rongo-rongo de la Isla de Pascua).
Para llegar a un idioma “traducible” y comprensible, hay que recurrir a antiquísimos textos védicos, escritos en sánscrito y supuestamente legados “por los dioses”, para tratar de encontrar referencias que aclaren algunos aspectos de la cultura y tecnología de Mohenjo-Daro. Entre estos textos, se encuentra el Mahabharata, un extensísimo poema épico de casi 215.000 versos divididos en diez cantos (ocho veces más extenso que la Ilíada y la Odisea juntas), el cual describe Mohenjo-Daro como una ciudad de origen remoto (al igual que Tiahuanaco en América, en este caso habría sido uno de los principales centros energéticos del denominado Imperio Rama) que en un momento se vio envuelta en sangrientos sucesos bélicos, donde tanto hombres como dioses estuvieron involucrados. Mohenjo-Daro presenta clarísimas evidencias de haber sufrido una detonación nuclear, miles de años antes de nuestra era, dejando un panorama post bomba muy similar al de Hiroshima y Nagasaki, incluyendo la radiación y la típica vitrificación del suelo: “existe un epicentro de 50 yardas de ancho, donde todo fue cristalizado, fundido o derretido.
A sesenta yardas del centro, los ladrillos están fundidos en un lado, indicando haber soportado una poderosa explosión”. Según los teóricos de los antiguos astronautas en gran cantidad manuscritos antiguos, en los cuales además se mencionan repetida e inequívocamente a los Vimanas como carros de guerra que volaban con su propio poder, la evidencia señala que el fin de Mohenjo Daro estuvo vinculado a un estado de guerra entre los arios y los mongoles.
Los teóricos sostienen, que los arios controlaban muchas regiones gracias a una asociación con seres extraterrestres (negociando poder por mano de obra) que buscaban extraer minerales y otros recursos naturales. Estos extraterrestres habrían estado sumamente interesados en las riquezas minerales de Mohenjo Daro, y al ser una ciudad bajo dominio mogol, habrían acordado destruirla en nombre de los arios.
Les habrían otorgado a sus habitantes (calculados en alrededor de 200.000) un plazo de 7 días para evacuar enviándoles una clara advertencia de que todo allí iba a ser destruido, no obstante lo cual algunos habrían hecho caso omiso a la advertencia, y ésta habría sido la razón por la cual en 1927 (unos pocos años después de que los arqueólogos descubrieran los restos de la ciudad) se encontraron 44 esqueletos humanos, todos cuerpo a tierra, incluyendo un trío de padre, madre e hijo en plena calle con la cara hacia el suelo y sosteniéndose las manos. Como afirman los teóricos de los antiguos astronautas: “La fusión de ladrillos en Mohenjo Daro no pudo haber sido causada por un fuego normal…” “es posible que lo que pasó a Mohenjo Daro no haya sido un fenómeno natural…” Este misterioso evento de hace miles de años parece estar también reflejado además en el Mahabharata:”……Un solo proyectil, cargado con toda la potencia del universo. Una columna incandescente de humo y llamas, tan brillante como diez mil soles, se alzó en todo su esplendor.
Era un arma desconocida, un rayo de hierro, un gigantesco mensajero de la muerte que redujo a cenizas las razas de los Vrishnis y Andakas, los enemigos contra quienes se utilizó.(… ) “El agua hirvió ( … ) carrozas de guerra fueron quemadas por miles ( … ) los cadáveres de los caídos fueron mutilados por el terrible calor, tanto que ya no parecían seres humanos…”( … )” Sus cabellos y uñas desaparecieron; jarros y objetos de greda quedaron destrozados, sin motivo aparente, y los pájaros se volvieron blancos.
Al cabo de pocas horas, todos los comestibles estaban infectados. Los soldados se lanzaron a los arroyos y trataron de lavar sus cuerpos y todo su equipo……”.se lee en el relato. La descripción concluye: “era una visión terrible (…) Nunca antes habíamos visto un arma tan terrible.” Estos sucesos descritos en el Mahabharata se sitúan hacia el año 3.103 a.C. y desembocan en el “Kali Yuga” o “Edad Sombría”, una especie de apocalipsis del mundo antiguo conocido.
El Mahabharata significa “guerra de los bharatas”, y describe las luchas de dos familias o clanes reales, los Pandavas y los Koravas, ambas descendientes comunes del mítico Rey Bharata. Algunas de las traducciones de sus versos han resultado enormemente polémicas, negándose incluso la propia existencia de algunos en el texto original, o descalificándose los conocimientos de sánscrito de algunos de los eruditos que lo tradujeron.
Al finalizar la II Guerra Mundial, el Mahabharata se puso de moda en Occidente debido a que algunas de las traducciones parecían tener una enorme semejanza con los sangrientos momentos vividos en la contienda mundial, donde armas enormemente poderosas habían sido capaces de aniquilar a los hombres hasta un punto jamás visto hasta el momento ( por nuestra civilización) siendo su “cúspide” la utilización de la bomba atómica, situación descripta con gran fidelidad miles de años antes de que los norteamericanos la utilizasen sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Como previamente hemos mencionado, existe en Oriente una gran cantidad de textos (el Ramayana, el Libro de Krisna, entre otros) que describen con todo tipo de detalles la existencia de naves voladoras (vimanas) y de cohetes o misiles capaces de alcanzar largas distancias con sus mortíferas cargas.
Según los teóricos de los antiguos astronautas, aun aceptando todos los cuestionamientos realizados a la traducción del Mahabharata, hay muchas otras evidencias de una interrupción abrupta de la enigmática civilización de Mohenjo-Daro: ¿esqueletos diseminados todos boca abajo en plena calle? ¿La muerte los sorprendió huyendo?
 ¿Por qué parte de los huesos de estos cadáveres parecen haberse consumido o volatilizado muy rápidamente?
¿Sólo treinta cadáveres en una ciudad de 200.000 habitantes?
¿De dónde proviene el nombre “el montículo de los muertos”?
¿Por qué la evacuación repentina de su población? ¿Por qué la involución cultural de su arte y ciencia? Otra extraña particularidad la constituye el hecho de que tanto los cadáveres hallados allí como en la ciudad de Harappa (distante unos 600 kilómetros) presentan un alto nivel de radioactividad. También existe una especie de “epicentro” en el centro de la ciudad, de unos 45 metros de diámetro. Allí el terreno se encuentra cristalizado, y los bloques de piedra más cercanos fundidos o derretidos. En las edificaciones más próximas a este “foco” se puede observar que los ladrillos de las paredes expuestos al exterior y en dirección al supuesto “epicentro” también se encuentran fundidos o derretidos, una circunstancia que solo se podría haber producido exponiéndolos a temperaturas superiores a los 1.500º centígrados.
Con los mismos síntomas de destrucción se han encontrado toda clase de objetos de alfarería, cerámica, joyería, entre otros, y señales de explosiones menores e incendios se encuentran también por doquier.
No son solo Harappa o Mohenjo-Daro apuntan en una dirección nuclear, existen otros puntos geográficos con “huellas” de posibles deflagraciones nucleares en la India: en el estado de Rajasthan, unos 15 kilómetros al oeste de la ciudad de Jodhpur, un área – que actualmente ha sido acordonada – de cinco kilómetros cuadrados aparece cubierta de cenizas radioactivas y aparentemente aún hoy día sigue siendo causante de un gran número de casos de cáncer y malformaciones congénitas en los habitantes de las inmediaciones, y un enorme cráter de origen desconocido en el cual se aprecia grandes áreas de roca completamente vitrificada, situado 400 km. al noreste de Mumbai en el Lago Lorna, en las proximidades de Deccan, ubicado sobre una meseta de roca basáltica que lo hace prácticamente único en el mundo, de dos kilómetros de diámetro y 150 metros de profundidad al cual en principio los científicos “clásicos” intentaron atribuirle un origen volcánico pero la evidencia geológica fue tan contundente que debieron cambiar de idea y sustituirla por la de la caída de un meteorito, aunque tampoco jamás se pudo encontrar ningún rastro de material meteórico.
Según sostienen los teóricos de los antiguos astronautas estas situaciones tomadas individualmente se disipan en gran medida cuando se considera la antigüedad bajo una globalización planetaria cultural, geográfica y espiritual. A través de los textos antiguos, se ha intentado atar cabos respecto a la existencia de una civilización ancestral que manipuló genéticamente a los primates entrelazando sus propios genes con los del animal, para acelerar su evolución, sugiriendo que de no ser por dicha manipulación probablemente la llegada del homo sapiens habría tardado más de 20 millones de años, o podría incluso no haber llegado, incorporándolo a su cultura en lo que se llamó la Edad de Oro de la humanidad, y en cuyo período existió una civilización única y globalizada, conectada por puertas dimensionales, vías aéreas, terrestres y telepáticas, y desde cuya enseñanza original se sentó la base común a todas las ciencias, conocimientos y religiones humanas, a través de grandes instructores espirituales o maestros, producto de ciclos pasados de la evolución que tuvieron por misión instruir y guiar a esta humanidad nacida sobre nuestro planeta..
 Ellos transmitieron a todas las razas y naciones de la Tierra las verdades fundamentales bajo la forma más adecuada según las necesidades especiales de aquellos que debían recibirlas, siendo ayudados a su vez en su misión por una pléyade de iniciados y discípulos de diversos grados, menos elevados y evolucionados, pero eminentes por su intuición espiritual, por su saber filosófico o por su pureza moral.
Tales hombres dirigieron a los pueblos nacientes, los civilizaron, les dieron leyes y como monarcas los gobernaron, los instruyeron y los guiaron. Hombres prominentes, semidioses y héroes de los cuales aún quedan vestigios en antiguos textos, códigos y monumentos, y cuya existencia se evidencia en la cultura de todos los pueblos del globalizado mundo antiguo.

 Terribles Armas de la antiguedad

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