La Virgen de Guadalupe cumple 482 años desde su aparicion


Este jueves 12 de diciembre se cumplen 482 años de la aparición de la imagen de la Virgen de Guadalupe en el ayate del indio Juan Diego. Milagro de Dios o leyenda urdida por los conquistadores españoles para avasallar a la población nativa por medio de la religión, el hecho constituye, sin dudas, una de las más famosas advocaciones marianas y su culto la pasión que unifica a la inmensa mayoría de los mexicanos.

“El día en que no se adore a la Virgen del Tepeyac en esta tierra, es seguro que habrá desaparecido no sólo la nacionalidad mejicana, sino hasta el recuerdo de los moradores del Méjico actual”.

Don Ignacio Manuel Altamirano

El sábado 9 de diciembre de 1531, refiere la tradición, la Virgen se le apareció por vez primera a Cuauhtlatoatzin, un indio chichimeca bautizado con el nombre de Juan Diego, a quien pidió le solicitara al obispo Juan de Zumárraga la construcción una iglesia en el cerro del Tepeyac, lugar del advenimiento.

El obispo desoyó la petición, pero al día siguiente, ante la insistencia de Juan Diego, le pidió pruebas del milagro que contaba. El 12 de diciembre, la Virgen se le aparece nuevamente a un apesadumbrado Juan Diego y lo incita a subir a la cima del cerro para que le trajera unas flores. Pese al invierno y lo desolado del lugar, Juan Diego recogió unas hermosas rosas de Castilla que colocó en su ayate y llevó a la Virgen, quien le pidió entonces que se las entregara al obispo. Ante Zumárraga, Juan Diego desplegó el ayate: las flores cayeron y en el tejido de fibras de maguey apareció impresa la imagen de la Virgen morena y rasgos aindiados.

Convencido del milagro, Zumárraga trasladó el ayate a la Iglesia Mayor de la ciudad para que fuera objeto de veneración. En apenas dos semanas se construyó una ermita a la que fue llevada la reliquia, donde permaneció hasta 1557. Años después, el arzobispo Alonso de Montúfar construyó otra ermita que funcionó hasta 1622. La actual Basílica de Santa María de Guadalupe se inauguró el 12 de diciembre de 1976 y constituye luego de la Basílica de San Pedro, el templo católico más visitado del mundo. Unas veinte millones de personas peregrinan anualmente hasta el santuario guadalupano, poco menos de la mitad de ellos (nueve millones) en los días próximos al 12 de diciembre.

No obstante la actual devoción de los mexicanos por “la morenita del Tepeyac, al principio, por un posible sincretismo con la deidad mexica Tonatzin (“nuestra madre venerada”, en náhuatl ), algunas personas catalogaron de idolatría el culto a la Virgen de Guadalupe; otras, incluso hombres de fe, llegaron a cuestionar la veracidad del milagro ( fray Francisco de Bustamante) y hasta la real existencia de Juan Diego ( abad Guillermo Schulenburg) . Asimismo, que el obispo Fray Juan de Zumárraga no mencionara en ninguna de las numerosas cartas y notas que de él se conservan el milagro del que supuestamente fue testigo, arroja una duda razonable –por usar la terminología jurídica– sobre la ocurrencia del mismo y envuelve en un manto de leyenda todo su actuar posterior respecto al culto guadalupano.

Estas dudas contrastan, sin embargo, con los reales misterios que envuelven a la imagen de la Virgen, como el efecto Purkinje-Samson descubierto en sus ojos, es decir su capacidad, como la del ojo humano, de formar dentro de sí tres imágenes del objeto que está viendo. Lo notable del caso radica en que este efecto sólo se da en personas vivas, pero jamás en pintura, por lo que desconcierta la presencia de esas figuras reflejadas en los ojos de la guadalupana y que parecen corresponder a los presuntos testigos de su milagrosa aparición en el ayate de Juan Diego. Cabe destacar que tal efecto era desconocido en el siglo XVI por lo que no puede suponerse una impostura por parte del presunto pintor de la imagen de la Virgen.

Por otra parte, e n mayo de 1979 dos científicos norteamericanos tomaron fotos del ayate guadalupano con películas normales y películas para rayos infrarrojos. Concluyeron que a pesar de comprobarse la existencia de añadidos a la imagen original (el vestido, el manto, las manos y el rostro), lo realmente relevante es cómo ésta ha preservado su brillo a pesar del tiempo transcurrido y que el ayate carecía de la preparación previa que cualquier retratista habría hecho antes de ponerse a pintar en él.

Finalmente, lo que nadie ha podido negar, lo que d esconcierta hasta a los más incrédulos es el propio ayate de fibras de maguey en el que aparece la imagen de la Virgen de Guadalupe, el cual se conserva en perfecto estado cuando se ha comprobado que otros tejidos similares apenas si resisten unos veinte años.

Aunque a la fecha se encuentra protegido tras un vidrio, durante cientos de años el manto estuvo expuesto a las emanaciones de las veladoras que se le prendían a la Virgen, al efecto corrosivo del salitre y al roce de las manos que tocaban la imagen, razones más que suficientes para que presentara un notable deterioro, razones más que suficientes para que millones de personas lo consideren la prueba más tangible de un milagro que en aquel lejano 1531 cambió la vida de un hombre y con el paso de los años el destino de todo un pueblo, pues no se puede olvidar que en 1810, el padre Miguel Hidalgo y Costilla dio el grito de independencia bajo el amparo de la imagen de la Virgen de Guadalupe, hermosa paradoja que convirtió a un presunto símbolo de sumisión religiosa en un estandarte de libertad.

Leer más: http://spanish.ruvr.ru/2013_12_12/La-Virgen-de-Guadalupe-2685/

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